Este fue un libro escrito muchas veces.
La insistencia es una actitud que
en ocasiones resulta odiosa, en otras posibilitadora y en algunas más,
pertinente.
En los últimos dos casos podríamos decir que su devenir tiene
algún rasgo de criterio de salud.
Podríamos decir, también,
que de la misma y sus efectos nace la presenta propuesta. Casi sin que lo
notáramos las líneas que aparecerán de aquí en adelante, que intentaron en
algún momento ser un producto mayor se dan maña para emerger, tratando de no
quedar sin ser leídas.
De hecho, reconocemos que este libro que nunca tomó vida propia, de alguna manera encontró el momento, el espacio y el tiempo para ver la luz.
Contiene reflexiones, relecturas, conversaciones, silencios, miedos, dudas y satisfacciones: todo ello nacido del diálogo a partir de lo que fuimos realizando, en un quehacer compartido como equipo.
Son 15 años de praxis, en un contexto cambiante, y con un impacto
en la subjetividad colectiva: por ello lo señalamos.
Diferentes recursos e intencionalidades en las diversas praxis
sociales se despliegan y buscan acompañamiento y nos convocan a re-aprender, a
partir de dispositivos formativos o de operaciones psicosociales, nuestra praxis
en movimiento, desafiados con ello tanto a la operatividad como al alivio.
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1 ARTÍCULO
Urgencia
por descifrar lo siniestro
Christian Laval y Pierre Dardot plantean en su libro “Común: Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI” que nos encontramos en este momento en una etapa que denominan Cosmocapitalismo; su característica está en que las diferentes áreas de la civilización se orientan e instituyen en torno a la lógica de la acumulación de (algún tipo de) capital; por lo tanto, las desigualdades se acrecientan, la vulneración de las mayorías aumenta, se provoca y acentúa una crisis ecológica y nos coloca aceleradamente ante una calamidad: la del abandono de la democracia (representativa y liberal) como mecanismo de regulación social , debido a que esta lógica empuja a la competencia, la exclusión y la insatisfacciòn, obstaculizando todas las vías de cooperación social.
A esto es lo que los autores denominan como “la tragedia de lo no-común” como principal punto de urgencia o al “callejón sin salida” del desarme político de las sociedades, al implicar el (casi) absoluto dominio del mercado y por lo consiguiente, de la propiedad privada.
Asumiendo la “tragedia de lo
no común” como una forma de caracterizar el actual contexto; nos parece
necesario visibilizar aquello que es vivenciado y significado como siniestro
como una operación necesaria para poder fantasear y proyectar lo
maravilloso.
Nos sigue pareciendo operativo
entender lo siniestro como aquella forma de emergencia de lo espantoso,
aterrorizante o angustiante, situado precisamente en medio de lo conocido y
cercano: “el encuentro con la desfiguración”, propone Gabriela Ordena en un
artículo que recoge un análisis de este término, desde un desciframiento
cercano a lo propuesto desde los aportes de la Psicología Social pichoniana.
Allí lo coloca en relación con los procesos
subjetivos o vinculares que posibilitan o dan nacimiento a los sujetos
(identidades en relaciones que son singulares, precisamente porque está tejidos
o sujetados a la relación social que
dará lugar a la satisfacción de sus necesidades).
“ Lo siniestro se da cada vez que se desvanecen los límites entre lo fantástico y lo real.”, sigue traduciendo G. Ordena ; dicho de otra manera , se vivencia cuando se desvanecen para el/la sujeto los límites entre lo reprimido y lo existente compartido; las fantasías de destrucción ante la pérdida de lo que en algún momento estuvo -aún como fantaseado- se hacen presentes fuera del sujeto (en una suerte de limbo entre el mundo interno y el mundo externo) provocando esa vivencia de lo espantoso.
Estamos redundando en la idea de que lo siniestro es producto de una internalización (temprana, fragmentada, inconsciente) de lo externo social cercano, en medio de un proceso vincular de sostén de la vida, desplegado por y para cada individuo; por ello pensar las condiciones de la emergencia de las interacciones y sus modalidades específicas en cada contexto, quizás nos permitan comprender o descifrarlo para poder desde esta operación, planificar lo maravilloso en tanto su superación, a través de proceso de transformación que deberá sin dudas sostenerse en el convencimiento y el compromiso de todos y todas.
La creación de una nueva articulación de los fragmentos de un objeto interno, con nuevos equilibrios y relaciones entre si, permite otras miradas y vivencias que posibilitan adaptaciones activas; es decir la superación a través de” la vivencia estética”, como encontramos propuesto por Enrique Pichón Riviéré en su análisis de la obra de Isidore Ducasse.
Por ello ante cada época quizás sea operativo preguntarse ¿qué es lo que se nos presenta como espantoso, angustiante, peligroso, en la actualidad?
La pregunta se formula ante la evidencia de modalidades de reencuentro con los y las otros/as que no sostienen los encuentros: evitación, reacción violenta, centramiento, dificultad de escucha, conflictos mediados por las formas de comunicación a distancia espacial, disolución de la presencia de lo corporal y sus dimensiones, etc.; conductas potenciadas por la Pandemia de Covid, pero existentes por el sostenido desarrollo del Cosmocapitalismo*.
La
interacción como potencia, lo novedoso como vivencia.
Sostenemos que la superación de lo siniestro demanda la posibilidad de transitar por procesos de creación que acerquen una vivencia de lo maravilloso: el encuentro con otra relación entre los fragmentos, con nuevos equilibrios y sentidos, que permita resignificar las afectaciones en el sentir, pensar, imaginar y hacer del/los sujeto/s.
Es
de señalar que estos procesos pueden desplegarse convocados desde las diferentes
afectaciones, en tramas vinculares.
Esa
es la potencia de la interacción, la de generar condiciones para la emergencia
de lo nuevo, en relaciones significativas, esto es, en vínculos co-operantes
para la emergencia de lo común revitalizante reconociendo a la otredad en las
diferencias. Lo diverso y lo heterogéneo durante mucho tiempo fue el motor de
las intervenciones y políticas micro en grupos y comunidades desde el
convencimiento que potenciaría condiciones de vivencias con lo otro logrando la
superación y la integración de lo casi fragmentado.
Es
decir, posibilita un proceso de encuentro con lo nuevo no conocido aún, que
permite ir equilibrando la presencia de las ansiedades básicas, de ataque y de
perdida (es decir, no amenazante).
Sin duda, esta potencia de la interacción, en los contextos sociales-culturales que compartimos, se hace lugar cuando proporcionamos acuerdos de tarea que la resguardan del jaqueo de las necesidades que provienen del mismo, es decir de un encuadre de tarea; reglas conocidas y acordadas previamente por todos los co-operantes que posibiliten la explicitación de las diferencias y su aprovechamiento en pos del proyecto compartido.
Un
encuadre que instala un conjunto de roles complementarios y no jerárquicos,
aunque si situacionales y asimétricos, como el de la coordinación.
Estas
nuevas vivencias pueden ser transitadas desde un proceso creativo, un proceso
de reelaboración de la comprensión de lo existente, para permitir situarnos y
entrar en tarea con la vida sostenida en una ética colectiva, con
acuerdos de tarea y una concepción acerca de la misma que entiendan a esta como
recreación de lo dado en dirección hacia lo nuevo necesitado: eso sería lo
maravilloso.
Montevideo, agosto 15 de 2026.
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2 ARTÍCULO
APUNTES DES- ORDENADOS sobre
el transitar en y desde el rol de trabajar con colectivos y grupos.
El abordaje
desde lo lúdico en y para la dinámica grupal se ha consolidado en un campo de
estudio que se ocupa en analizar cómo el juego, la creatividad y lo divertido influyen en el aprendizaje, la comunicación, las relaciones y los vínculos de
las personas que participan en las diversas modalidades colectivas que se
desarrollan en lo comunitario y lo organizacional.
Algunos de
los aspectos en los que se basa este abordaje teórico son:
Lo lúdico lo entendemos como un fenómeno cultural y
afectivo donde el juego deja de ser mero entretenimiento para
convertirse en un terreno de exploración activa; un espacio donde explorar,
experimentar y ensayar nuevas formas de transformar la realidad compartida.
En
este entramado, la creatividad opera como la potencia inventiva que el
juego despierta: la capacidad colectiva de generar alternativas, resolver
tensiones y producir respuestas novedosas ante los dilemas que presenta la
práctica.
Por
su parte, lo divertido no se agota en la distracción o mero
entretenimiento, sino que funciona como la chispa motivadora que afloja las
resistencias, fortalece la autoestima y genera el clima de confianza necesario
para habitar el aprendizaje sin temor al error.
Todo
este despliegue cobra sentido en la dinámica grupal, entendida no como
un esquema rígido de roles y normas, sino como la trama viva de procesos,
liderazgos, conflictos y consensos que atraviesan a quienes se disponen a hacer
y pensar en colectivo.
Coordinar
con estas coordenadas, requiere -entonces- formación, entrenamiento para estar
en ese lugar donde ser soporte y aporte. En el entendido que generando las
condiciones se despliegan efectos y aconteceres en la trama colectiva que son
el material para la coordinación trabajar y transformar en aspectos de
desarrollo de la grupalidad.
Podemos
afirmar también, que coordinar grupos o equipos es una tarea política, que
colabora -a su vez- con una recreación de lo político en la medida en que ayuda
a entretejer polis; una poli hoy jaqueada sistemáticamente desde la
subjetividad emergente de un mercado erigido como único horizonte posible para
lo social. La tarea de quien coordina consistiría, en definitiva, en sostener
el espacio y el tiempo para que tenga oportunidad el vínculo social
complejizado y enriquecido que permita la puesta en crisis de esa coyuntura
sociocultural.
El devenir
de las tareas que se enmarcan en la función de coordinar grupos y equipos en
los distintos escenarios, es un tema que se recorta cada vez más en las tramas
colectivas y organizacionales y que adquieren mayor importancia en tanto el
grado de relevancia que dicha función implica. Al decir recorte, nos referimos
a que es colocada en posición de figura potente recortándose e instalándose a
distancias largas dentro de una trama, que cada vez menos parecería sostenerla.
La función
de coordinar implica a quien la desarrolla desde su integralidad; esto es,
desde su cuerpo, sus deseos, sus miedos y su capacidad de sorprenderse.
Estas
dimensiones se integran y convergen en un rol, un personaje, una figura que
necesariamente requiere ser pensado, revisado, reforzado, potenciado.
Coordinar
no es mandar. Ni deja de serlo. No es ejecutar, ni lo elude.
Es pensar y
convocar al pensamiento; es sentir y no dejarse invadir `por los sentimientos.
Agosto, 19 de 2026.
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3 ARTÍCULO
Lo actitudinal como eje transversal de la Opera/acción Psicosocial
En un artículo* escrito años atrás
recordábamos que los y las operadores y operadoras psicosociales somos
emergentes de una trama vincular y social; aunque parezca algo obvio, lo
reiteramos hoy como punto de partida de este, nuestro trabajo.
Es por esto que nuestra elección por este oficio nos obliga a revisar las características que componen esa “emergencia”, no sólo para un bienestar personal, sino especialmente para poder incluirlas en la reflexión necesaria para la planificación de la opera/acción psicosocial, ya que también nos situamos en un paradigma centrado en la comunicación (Jiménez, L; Rebellato, J.L.; 1997) donde la vida es reproducida, recreada desde la acción comunicativa con cada gesto, en cada movimiento.
La condición de posibilidad para que podamos realizarla reside en el establecimiento de un dispositivo técnico donde aprender a modelarnos para lograr ser instrumentos flexibles en la escucha, tanto como rigurosos en la direccionalidad de nuestra intervención, cuya pertinencia consiste -centralmente- en acompañar a las personas a transitar por el terreno de las ansiedades. Y sobre todo para que ese tránsito les permita diseñar, de acuerdo a su estrategia y tomando en cuenta la logística existente y pasible de conseguir, las mejores condiciones para el surgimiento de proyectos donde se recree la vida.
Estamos convencidos de que no solo la confrontación teórica nos permitirá modelarnos como diapasones de las resonancias de otros, sino que necesitamos también de un camino que transite el puente desde el cuerpo hacia la palabra; para y por ello es que nos sostenemos en la dimensión lúdica y la poética de la Opera/acción Psicosocial, además de la ética.
Estamos convencidos de que esto no se logra solamente “explicitando” voluntades y formulando objetivos, sino apoyándonos en una construcción a la vez porfiada y tierna del entre vinculante: aquello que llamamos retículo (O. Bricchetto, 2000), en su dimensión de concepción y de metáfora.
Es para este aspecto de la Opera/acción Psicosocial, sobre todo, que la persona [2] del/de la Operadora Psicosocial requiere ser trabajada en espacios donde recupere sus heridas, sus marcas, en fin: su memoria; desde el sostén de lo vincular, transitando ese puente que va desde el cuerpo hacia la palabra; siendo ésta- la palabra- una síntesis de su ser en vibración.
Lo actitudinal, entonces, estaría situado en estos
topos, en este aspecto: lo personal, quizás una nueva dimensión a considerar.
Constituiría la dimensión personal de la
operación psicosocial, nuestro mundo interno, sus contradicciones y el
conocimiento que tengamos de las mismas; nuestra experiencia vital; la búsqueda
de la coherencia entre el hacer, el pensar y el sentir; nuestra actitud ante la
vida en cualquiera de sus formas, la capacitación que elegimos y la que
desechamos, nuestra concepción de la realidad; nuestros amores y nuestros
dolores; lo que imaginamos y lo que no podemos imaginar, nuestra cotidianidad.
Todo confluye para alimentar esta dimensión, otorgarle densidad, enriqueciendo esa caja de herramientas, así como condicionando la selección de las mismas, a la hora de operar y fundamentando la obligatoriedad de ser sostenida por el ejercicio de actitudes éticas congruentes con un enriquecimiento de dicha dimensión que no vaya en desmedro del marco conceptual que las orienta.
Al llegar a este punto, proponemos pensar a la Actitud PsicoSocial como un anudamiento construido procesualmente por la persona del/a Operador /a Psicosocial direccionado hacia la O.P., y en tanto eje que atraviesa la planificación de la misma, lo actitudinal es un aspecto a considerar a la hora del momento reflexivo, en búsqueda de la pertinencia y coherencia del hacer en sus aspectos metodológicos, técnicos y estratégicos.
Aspectos singulares de este anudamiento
Siendo la Opera/acción Psicosocial, antes que nada, un tejido tensado desde las ligazones de lo transferencial, la reflexión en búsqueda de lo ético es una necesidad más teórico-ideológica que técnica.
Así es que proponemos realizar esta reflexión sobre nuestras actitudes tanto en la instalación como en el devenir de la O.P., en la búsqueda de dicho fundamento.
La transferencia intenta instalar en una
escena actual, el argumento de una escena interna e histórica, desde la cual se
adjudican roles al vínculo que vamos tejiendo en el aquí y ahora; “dramas” que
corresponden a otro contexto, a otra situación.
En la transferencia, los distintos actores y actrices implicados repetimos, recordamos y por ello, reconstruimos matrices de relación con e/la otro/a, modelos de relación que fueron “in-corporados” desde la trama social predominante.
Esta ligazón permite encontrar lo nuevo -“el otro”- desde el camino de la reproducción de lo conocido, y aquí es donde reside –a una misma vez- su condición posibilitadora y la delicadeza de su esencia, ya que puede acercarnos al/la otro/a tanto como impedirnos reconocerlo en su novedad. Acude a nuestro auxilio la actitud psicoSocial, con su exigencia de descentramiento, continencia, tolerancia a la frustración, al conflicto.
Actitud alojada en la persona, que se
despliega en y a través de ella.
También desde lo transferencial podemos asomarnos al planteamiento de existencia de la dimensión política de la O.P., en tanto implica la condición para el establecimiento de juegos de sometimiento y resistencia, de juegos de poder que tomarán prestada la modalidad predominante de la construcción de lo social.
Es así que J.L. Rebellatto * proponía algunos ejes para esta revisión que pueden aportarnos líneas de fuga que recogen la articulación entre lo personal y lo político; en tanto un aporte a la construcción de vínculos sanos:
1.- proceso de construcción de saberes, en el entendido de que los mismos se potencian si dialogan, si se consideran entre sí. Por ejemplo: el saber de los “técnicos” y los de los diferentes participantes, los saberes que tenemos y los que podremos hacer emerger afectados por el encuentro.
2.- descentramiento y aprendizaje de la escucha, en la necesidad de corrernos de nuestra propia demanda para que el protagonismo de los y las otros/as tenga espacio de despliegue. Y en este sentido es, tanto escucha del otro/a como de sí mismo/a.
3.- tensiones entre involucramiento y distancia, en la dirección de establecer un puente de tarea que permita el devenir transferencial en la búsqueda por instalar un vínculo de tarea, sin posicionarse en una abstinencia “burocrática”.
4.- el tema del dinero, es decir, el pago por la tarea, que establece un encuadre de trabajo, un contrato de servicio y quizás también de generación de plus valor.
El tránsito por estos cuatro puntos coloca limpiamente en el eje de lo ético, el lugar en que consideramos a los otros y a la producción de saberes y de relaciones de poder, centro conceptual de la operación psicosocial.
Para cerrar estas palabras, reiteramos la ocupación en el trabajo sobre el eje de lo actitudinal en la Opera/acción Psicosocial, en tanto diapasón que, al vibrar, puede ampliarnos las posibilidades de comprensión y por lo tanto, de operación.
En nuestro cuerpo habita el otro/a así como lo habitamos y para nosotros/a es una regla insoslayable descolonizar la propia vibración.
J.L.Rebellatto/L.Gimenez;
Etica de la Autonomía: desde la práctica de la psicología con las comunidades;
1997,Roca Viva Ed.
[1] Operación Psicosocial:la totalidad de acciones realizadas para investigar y actuar con los contenidos internos de las personas y las condiciones externas (grupales, institucionales y comunitarias) que posibilitan sus relaciones, la satisfacción de sus necesidades y los cambios buscados en el contexto. Esta operación, realizada por los protagonistas y el trabajador, ha sido contratada previamente entre las partes y se concreta en una o varias intervenciones psicosociales. Oscar Bricchetto
[2] El concepto de persona deberá ser analizado en alguna de sus versiones filosóficas; para nosotros es “el actor de la historia que emerge de las determinaciones pero que se configura también por decisiones donde juega su voluntad.” Oscar Bricchetto, La Metáfora Lúdica
**Act.Psicológica.: Modalidades relativamente estables de hacer, sentir y pensar.
[4] Parafraseando
el libro de Clara Coria “El sexo oculto del dinero”.
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Acompañante
: Roberto Juarroz
Las
últimas estructuras se han gastado
y
es preciso cambiarlas
sobre
todo las más finas.
Desmantelar el aire, por ejemplo.
Desmantelar
el pensamiento.
Pero
¿reemplazarlos con qué?
Hay que poner el aire en lugar del pensamiento.
Hay
que poner el pensamiento en lugar del aire.

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